Las amortizaciones fiscalmente deducibles son un aspecto clave en la gestión contable y fiscal de una empresa, ya que permiten reducir la base imponible del impuesto sobre sociedades mediante la depreciación de activos. Comprender cómo funciona este proceso y las diferencias entre la amortización contable y fiscal es esencial para optimizar la carga tributaria de un negocio y evitar errores que puedan generar ajustes y sanciones.
¿Qué son las amortizaciones fiscalmente deducibles?
La amortización es el proceso mediante el cual se distribuye el coste de un activo a lo largo de su vida útil. A nivel contable, refleja la pérdida de valor de los activos tangibles e intangibles como maquinaria, edificios, patentes o vehículos, mientras que, a nivel fiscal, permite a las empresas deducir esta depreciación del impuesto sobre sociedades.
Sin embargo, no toda amortización contable es fiscalmente deducible. Las amortizaciones fiscalmente deducibles son aquellas que cumplen los criterios establecidos por la normativa fiscal, que fija límites y plazos sobre cómo y cuánto puede deducirse cada ejercicio.
Diferencias Entre Amortización Contable y Fiscal
- Amortización contable: representa la pérdida de valor de un activo registrada en los libros contables de la empresa. Los criterios de amortización contable suelen basarse en estimaciones de la vida útil del activo y en las políticas contables de la empresa.
- Amortización fiscal: Es la cantidad de amortización que puede deducirse fiscalmente. A diferencia de la contable, la amortización fiscal está sujeta a límites y reglas específicas que marcan la ley tributaria de cada país, especialmente en lo que se refiere a «la amortización máxima fiscalmente deducible». Esto significa que la ley fija unos porcentajes o tablas máximas de amortización que deben respetarse para que sea deducible.
¿Cómo funciona la amortización fiscalmente deducible?
El proceso de amortización fiscal tiene una serie de características y límites que toda empresa debe tener en cuenta:
- Cálculo de la vida útil del activo: Las normativas fiscales establecen tablas de amortización que determinan la vida útil estimada de los distintos tipos de activos. Estas tablas indican los porcentajes máximos anuales de amortización que la empresa puede deducir.
- Amortización lineal: Este es el método más común, en el que el valor del activo se distribuye de forma uniforme a lo largo de la vida útil. Cada año se amortiza el mismo porcentaje hasta que el valor total del activo haya sido deducido.
- Amortización acelerada: En algunos casos, la ley permite una amortización acelerada, lo que implica que la empresa puede deducir un mayor porcentaje en los primeros años de vida del activo. Esto es beneficioso fiscalmente, ya que permite reducir la base imponible de forma más rápida.
- Ajuste entre amortización contable y fiscal: En ocasiones, puede existir una diferencia entre la amortización contable y fiscal, lo que genera un ajuste. Esto ocurre cuando la amortización registrada en los libros contables no coincide con los límites fiscales. Por ejemplo, si la empresa amortiza más rápidamente un activo en las cuentas de lo que permite la ley, deberá realizar un ajuste extracontable para corregir esta diferencia a efectos fiscales.
¿Qué Ventajas ofrecen las Amortizaciones Fiscalmente Deducibles?
El principal beneficio de las amortizaciones fiscalmente deducibles es que permiten reducir la carga tributaria de la empresa de forma legal. Al deducir la depreciación de los activos, se disminuye la base imponible sobre la que se calcula el impuesto sobre sociedades, reduciendo la cantidad de impuestos a pagar por la empresa.
Además, una correcta planificación de las amortizaciones permite optimizar el flujo de caja, ya que la empresa puede prever el impacto fiscal de sus inversiones en activos y distribuirlo a lo largo de los ejercicios fiscales.
Contar con un buen asesoramiento fiscal es clave para asegurarse de que las amortizaciones se hagan correctamente y dentro de los límites permitidos por la ley.


